El altar de la rabia: Una lectura gótica de «Cut» de Black Veil Brides
Hace un mes, Black Veil Brides presentaba el videoclip de Cut.
Después de escuchar la canción de forma obsesiva y saberme el vídeo de memoria, creo que es una de las power ballads más oscuras de Black Veil Brides: una canción que tiene esos pasajes lentos y melódicos pero que de golpe, en el estribillo, rompe con una fuerza musical y vocal propias del grupo de Andy Biersack.
Aún así, lo que genera la magia es cuando unimos la canción y el vídeo. Una historia con una atmósfera visual con claras referencias a La Novia Cadáver de Tim Burton. Una auténtica tragedia de terror romántico.
La primera imagen ya es desgarradora: a través del ojo de la cerradura vemos a una novia preparada para su día, pero incompleta: le faltan las cuatro extremidades. Y en la habitación de al lado, un novio preparándose para ese enlace.
Por lo que, desde mi punto de vista, la canción nos narra la historia de una boda que jamás pudo celebrarse a causa de una muerte traumática. Pero a la vez creo que la representación de la novia sin las extremidades no solo es por su tipo de muerte, sino por cómo se siente cuando te arrebatan o pierdes a quien amas, ese dolor que parece que te parta en mil pedazos, ese dolor crudo que sentimos con el corazón roto que a veces parece que nos hayan arrancado una parte de nosotros.

La genialidad de la canción radica en cómo él procesa ese duelo. Mientras se viste para un enlace que, a primera vista, no se puede celebrar y adorna su traje con flores secas —que simbolizan la muerte—. El protagonista se rebela contra la deidad que le falló. Al ver que el cielo no la salvó, la fe de él se transforma en un rencor absoluto. Se arrodilla ante el «altar de toda esta rabia» y escupe la verdad definitiva: «Here’s the truth, I’ve never believed in you».
Una vez roto el pacto con esa deidad, el protagonista acude a la mismísima Muerte. No buscando la vuelta de su pareja sino queriendo hacer un simple trato: una tregua temporal para celebrar su boda. Es gracias a dicho pacto que vemos en el vídeo al novio recomponiendo el cuerpo y el recuerdo de su prometida. El mismo pacto que les da la oportunidad de casarse y bailar una primera y última canción.
Hablamos de un romance con fecha de caducidad. A medida que avanza el vídeo, ella acaba muriendo otra vez en sus brazos. ¿La diferencia? Esta vez no es un cadáver mutilado y roto de una tragedia, esta vez es una novia que puede pasar al mundo de los muertos con sus cicatrices, pero entera. Una novia vestida con el vestido que escogió para el inicio de una vida que se ha convertido en su último vestido. Una novia que ha podido tener una despedida digna junto al amor de su vida.

¿Y para él? Creo que el hecho de poder recomponerla, de tener ese ratito a su lado, de poder despedirse a través de un último baile hace que su dolor sea más llevadero, le da la capacidad de dejarla en un altar improvisado con flores secas, ponerle una corona y darle un último beso antes de salir de la habitación cerrando la puerta tras de sí.
Y ese detalle de él saliendo por la puerta sin mirar atrás creo que es crucial para la historia. Mientras él la «recomponía» consigue dos cosas: que ella descanse en paz tras su segunda muerte y poder empezar su duelo real.
El mensaje de esa última escena es la forma de decirnos que la realidad no ha cambiado: ella sigue muerta. Pero esta vez la perspectiva de él al salir por esa puerta es diferente, dejando atrás toda esa rabia en esa casa abandonada en la que han tenido su primer y último baile con quien fue el amor de su vida.


